A las 38 semanas de embarazo, es posible que notes que las hemorragias nasales, o epistaxis, se vuelven más frecuentes o notables, incluso si no las habías experimentado antes. Este fenómeno, que afecta aproximadamente al 20% de los embarazos, no es inusual en esta etapa avanzada, y comprender por qué ocurre puede ayudarte a abordarlo con mayor calma. La razón principal detrás de esta experiencia en el tercer trimestre es la combinación del aumento significativo del volumen sanguíneo en tu cuerpo, que se prepara activamente para el parto, junto con el efecto de las hormonas, como la progesterona. Estas hormonas provocan una mayor congestión y engrosamiento de las membranas mucosas de la nariz. En esencia, tus vasos sanguíneos nasales están más dilatados y frágiles, lo que los hace más propensos a romperse con facilidad. Es una manifestación más de cómo tu cuerpo se adapta y se prepara para la llegada de tu bebé, aunque pueda resultar un poco sorprendente o incómoda en este tramo final.
Comprender la causa subyacente puede brindarte una sensación de calma y control. No es un signo de alarma en la mayoría de los casos, sino una respuesta fisiológica normal a los cambios que ocurren en tu cuerpo. Si experimentas una hemorragia nasal, la acción inmediata es clave para manejarla con tranquilidad y eficacia. En lugar de inclinarte hacia atrás, lo cual podría hacer que la sangre baje por la garganta y cause náuseas, inclínate ligeramente hacia adelante. Luego, pinza la parte blanda de tu nariz firmemente con los dedos durante 10 a 15 minutos, sin soltar la presión en ningún momento. Este método simple y práctico ayuda a aplicar presión directa sobre los vasos sanguíneos que están sangrando, facilitando la coagulación natural. Mantener la calma durante este proceso es fundamental, ya que el estrés puede elevar la presión arterial, lo que no sería de ayuda en esta situación.
Para reducir la frecuencia de estos episodios, especialmente cuando te acercas al final del embarazo, hay algunas estrategias sencillas y basadas en evidencia que puedes explorar. Mantener las membranas nasales hidratadas es un paso práctico y proactivo. El uso de aerosoles nasales salinos puede ser muy útil para humedecer el interior de la nariz, previniendo la sequedad y la irritación. Además, considerar un humidificador en tu dormitorio, especialmente durante la noche, puede contrarrestar la sequedad del aire que a menudo contribuye a la fragilidad de los vasos y el sangrado. Estos pequeños ajustes en tu rutina diaria pueden marcar una diferencia significativa en tu comodidad. Recuerda que, como doula, mi enfoque es brindarte información y apoyo para que tomes decisiones informadas sobre tu bienestar general. Siempre es importante recordar que tu proveedor de atención médica es tu mejor recurso para cualquier inquietud específica o condición de salud que pueda surgir.
Es tranquilizador saber que, en la gran mayoría de los casos, estas hemorragias nasales se resuelven espontáneamente después del parto. Una vez que tu volumen sanguíneo regresa a sus niveles previos al embarazo y los efectos hormonales disminuyen, la congestión nasal y la fragilidad de los vasos sanguíneos suelen desaparecer por completo. Mientras tanto, considera estas hemorragias como una parte más del proceso único y profundo de la gestación en su etapa final. Si bien pueden ser una molestia o causar un poco de preocupación, son un recordatorio de los profundos cambios que tu cuerpo está experimentando para traer a tu bebé al mundo. Mantenerte informada, aplicar medidas de cuidado personal y colaborar con tu equipo de atención te permitirá navegar esta experiencia con mayor confianza y claridad.