En la semana 29 de tu embarazo, es posible que notes que los sangrados nasales, o epistaxis gestacional, se vuelven más frecuentes o evidentes. Este fenómeno es una manifestación común de los cambios fisiológicos que tu cuerpo experimenta a medida que tu embarazo avanza hacia el tercer trimestre. Durante esta etapa, tu volumen sanguíneo ha aumentado significativamente para apoyar tanto tu bienestar como el desarrollo de tu bebé. Este incremento en el volumen sanguíneo, combinado con la influencia de hormonas como la progesterona, lleva a una mayor congestión y engrosamiento de las membranas mucosas en todo tu cuerpo, incluyendo las delicadas paredes internas de tu nariz. Los pequeños vasos sanguíneos dentro de tu nariz se vuelven más engrosados y frágiles, haciéndolos más propensos a romperse con facilidad, incluso con acciones tan simples como sonarse la nariz o un ligero roce.
Saber que no estás sola en esto puede brindar una sensación de calma. La evidencia sugiere que aproximadamente el 20% de las personas embarazadas experimentan sangrados nasales en algún momento de su gestación. Es una parte normal y esperada de los ajustes que tu cuerpo realiza para nutrir una nueva vida. No es un signo de alarma en la mayoría de los casos, sino más bien una señal de que tu sistema circulatorio está trabajando arduamente. Comprender esta conexión entre el aumento del volumen sanguíneo y la congestión nasal puede ayudarte a abordar estos episodios con mayor claridad y confianza, sabiendo que son una respuesta natural a los procesos internos de tu cuerpo.
Cuando ocurra un sangrado nasal, mantener la calma es clave. Una opción práctica para manejarlo es inclinarte ligeramente hacia adelante, no hacia atrás, para evitar que la sangre baje por la garganta. Luego, pellizca firmemente la parte blanda de tu nariz, justo debajo del puente óseo, usando tu pulgar y tu índice. Mantén esta presión constante durante 10 a 15 minutos sin soltarla para permitir que la coagulación comience. Respirar por la boca durante este tiempo puede ayudar. Después de este período, suelta suavemente y verifica si el sangrado ha cesado. Si persiste, puedes repetir el proceso una vez más.
Para ayudar a reducir la frecuencia de estos episodios, hay algunas medidas preventivas que puedes considerar. Mantener la humedad en el ambiente, especialmente en tu dormitorio, puede ser muy beneficioso. Un humidificador puede ayudar a prevenir que las membranas nasales se sequen y se agrieten, lo que a menudo es un desencadenante. Además, el uso de aerosoles nasales salinos suaves puede mantener la humedad en tus fosas nasales y lubricar los tejidos, ofreciendo una capa adicional de protección. Estas son opciones sencillas y basadas en la evidencia que muchos encuentran útiles para mantener la comodidad y reducir la irritación.
Si bien los sangrados nasales son generalmente inofensivos, es importante saber cuándo buscar la orientación de tu proveedor de atención médica. Si un sangrado dura más de 20 minutos a pesar de aplicar presión, o si el sangrado es muy abundante y no disminuye, es una señal para una evaluación médica. Tu proveedor podrá ofrecerte la orientación específica para tu situación. La buena noticia es que, en la gran mayoría de los casos, estos sangrados nasales se resuelven espontáneamente después del parto, una vez que tu volumen sanguíneo y tus niveles hormonales regresan a sus valores previos al embarazo. Tú tienes la autonomía para tomar decisiones informadas sobre tu bienestar, y tu equipo médico está ahí para apoyarte.