A las 27 semanas de embarazo, es posible que notes un aumento en la frecuencia de las hemorragias nasales, un síntoma común que a menudo se relaciona con los cambios fisiológicos de este trimestre. Es completamente comprensible si esto te toma por sorpresa o te genera cierta preocupación, pero es importante saber que es una experiencia compartida por muchas personas embarazadas.
Durante el embarazo, tu cuerpo experimenta un notable incremento en el volumen sanguíneo para apoyar el crecimiento de tu bebé. A esto se suma la influencia de hormonas como la progesterona, que puede causar que las delicadas membranas de tu nariz se hinchen y se vuelvan más sensibles. Esta combinación de mayor flujo sanguíneo y vasos nasales más engrosados hace que sean más propensas a sangrar. De hecho, la evidencia sugiere que aproximadamente el 20% de los embarazos pueden experimentar hemorragias nasales en algún momento, y es común que se presenten con mayor frecuencia a medida que el embarazo avanza.
Cuando ocurre una hemorragia nasal, mantener la calma es clave. Una opción práctica para manejarla es inclinarte ligeramente hacia adelante, no hacia atrás, y apretar firmemente la parte blanda de la nariz con los dedos durante 10 a 15 minutos, sin soltar. Esto ayuda a aplicar presión directa sobre los vasos sanguíneos y a fomentar la coagulación. Puedes respirar por la boca mientras tanto. Después de este tiempo, suelta suavemente la presión y evalúa si el sangrado ha cesado. Si el sangrado persiste, puedes repetir el proceso.
Para ayudar a reducir la frecuencia de las hemorragias nasales, algunas personas encuentran útil mantener las membranas nasales hidratadas. Esto se puede lograr con el uso de aerosoles nasales salinos, que son una opción suave y sin medicamentos. Además, considerar un humidificador en tu dormitorio, especialmente durante la noche, puede ayudar a prevenir la sequedad del aire que a veces contribuye a la irritación nasal. Recuerda que este síntoma suele ser temporal y se resuelve de forma natural después del parto, a medida que el volumen sanguíneo de tu cuerpo regresa a sus niveles previos. Si el sangrado dura más de 20 minutos o es muy abundante, es una buena idea contactar a tu proveedor de atención médica. Tu proveedor es tu mejor recurso para tu situación específica y puede ofrecerte orientación personalizada.