En la semana 15 de embarazo, es posible que notes un síntoma que puede ser un poco sorprendente: las hemorragias nasales, conocidas médicamente como epistaxis. Este fenómeno es bastante común, afectando aproximadamente al 20% de los embarazos, y es una manifestación directa de los cambios fisiológicos que tu cuerpo está experimentando en este segundo trimestre.
Durante el embarazo, tu volumen sanguíneo aumenta significativamente para apoyar el crecimiento de tu bebé y los cambios en tu propio cuerpo. Paralelamente, la hormona progesterona, que es vital en esta etapa, provoca una dilatación y congestión de las membranas mucosas, incluyendo las de la nariz. Esta combinación de mayor flujo sanguíneo y vasos nasales más engrosados y sensibles hace que sean más propensos a romperse con facilidad, incluso con acciones tan simples como sonarse la nariz o un ligero roce. Es un recordatorio de lo increíblemente adaptable que es tu cuerpo, aunque a veces estos ajustes puedan resultar un poco incómodos o inesperados.
Comprender la causa de estas hemorragias nasales puede aportar una sensación de calma y claridad. No suelen ser motivo de preocupación y, en la mayoría de los casos, son un síntoma leve que se maneja fácilmente en casa. Sin embargo, es natural sentirse un poco alarmada la primera vez que ocurre. La buena noticia es que, al igual que muchos otros cambios relacionados con el embarazo, las hemorragias nasales suelen resolverse por sí solas después del parto, una vez que tu volumen sanguíneo y tus niveles hormonales vuelven a sus valores habituales. Mientras tanto, hay pasos sencillos que puedes tomar para gestionarlas y reducir su frecuencia.
Para abordar una hemorragia nasal cuando ocurre, la clave es mantener la calma. Una opción es inclinarte ligeramente hacia adelante, no hacia atrás, para evitar que la sangre baje por la garganta. Luego, aprieta la parte blanda de la nariz firmemente con los dedos durante 10 a 15 minutos, sin soltar la presión. Este método suele ser muy efectivo para detener el sangrado. Además, mantener las membranas nasales hidratadas puede ser de gran ayuda. El uso de aerosoles nasales de solución salina y un humidificador en tu dormitorio, especialmente durante la noche, puede reducir la sequedad y, por ende, la probabilidad de que se produzcan nuevas hemorragias. Recuerda que tu proveedor de atención médica es tu mejor recurso para tu situación específica y puede ofrecerte orientación personalizada.