A medida que avanzas en la semana 14 de tu embarazo, podrías notar que los sangrados nasales, conocidos médicamente como epistaxis, se vuelven una experiencia más frecuente. Esta es una de esas sorpresas que el cuerpo puede presentar, y es útil entender por qué sucede en este momento.
Durante el segundo trimestre, tu cuerpo está trabajando arduamente para apoyar el crecimiento de tu bebé, lo que incluye un aumento significativo en el volumen de sangre. Al mismo tiempo, las hormonas del embarazo, especialmente la progesterona, pueden causar que las membranas mucosas de tu nariz se hinchen y que los pequeños vasos sanguíneos se dilaten. Esta combinación —más sangre circulando y vasos más engrosados y sensibles en la nariz— hace que sean más propensos a romperse, incluso con un estornudo suave o al sonarte la nariz.
Es una experiencia común; la evidencia sugiere que los sangrados nasales afectan aproximadamente al 20% de los embarazos. Aunque pueden ser un poco alarmantes la primera vez que ocurren, en la mayoría de los casos son leves y no son motivo de preocupación. Lo que te ofrezco como doula es la claridad para entender estos cambios y la confianza para saber cómo manejarlos. Saber que esto es una parte normal del proceso puede traer una gran sensación de calma.
Desde mi perspectiva como doula, lo que les explico a mis clientes es que estos sangrados son un reflejo de los maravillosos ajustes que tu cuerpo está haciendo. No es algo que estés haciendo mal, sino una respuesta fisiológica. A menudo, estos episodios de sangrado nasal se resuelven por sí solos después del parto, cuando el volumen sanguíneo regresa a sus niveles previos al embarazo. Mientras tanto, hay pasos prácticos que puedes tomar para sentirte más cómoda y preparada si ocurren.