A las 28 semanas de embarazo, es muy común notar que las visitas al baño se vuelven más frecuentes, una experiencia que muchas personas embarazadas reconocen como una característica distintiva del tercer trimestre. Este síntoma, que afecta a la mayoría de los embarazos, tiende a alcanzar su punto máximo tanto en el primer como en el tercer trimestre. En esta etapa, tu cuerpo ha experimentado un notable aumento del 50% en el volumen sanguíneo total. Este incremento significa que tus riñones están trabajando con mayor intensidad para procesar y filtrar una cantidad significativamente mayor de líquido, lo que naturalmente lleva a una mayor producción de orina. Es el sistema de tu cuerpo asegurándose de que tanto tú como tu bebé estén recibiendo todo lo que necesitan.
Adicionalmente, a medida que tu bebé continúa creciendo y se posiciona más abajo en la pelvis, ejerce una presión directa y constante sobre tu vejiga. Imagina que tu vejiga es un globo que se está llenando, y ahora hay un peso adicional presionándolo desde arriba; esto reduce su capacidad funcional y aumenta la sensación de urgencia. Esta combinación de un mayor volumen de líquidos para procesar y la presión física sobre la vejiga es la razón principal por la que puedes sentir la necesidad de orinar con mayor frecuencia. Es una señal de que tu cuerpo está adaptándose y tu bebé está prosperando, aunque pueda resultar un poco incómodo y disruptivo para tu rutina diaria. Reconocer que esto es una parte normal y esperada de esta etapa puede aportar una sensación de calma y claridad.
Es posible que notes que esta necesidad de orinar es particularmente más pronunciada durante la noche. Al acostarte, la presión sobre la vejiga puede cambiar, y los líquidos que se acumularon en tus piernas y pies durante el día pueden redistribuirse y ser procesados por tus riñones con mayor eficiencia. Aunque pueda ser tentador reducir drásticamente la ingesta de líquidos para evitar interrupciones del sueño, es fundamental mantener una hidratación adecuada durante el día. La deshidratación no es beneficiosa para ti ni para el desarrollo de tu bebé. Una opción podría ser ajustar el momento en que bebes la mayor parte de tus líquidos, concentrándote en la hidratación diurna y disminuyendo la ingesta unas horas antes de acostarte, para ver si esto ayuda a reducir las interrupciones nocturnas sin comprometer tu bienestar.
Si bien la micción frecuente es una parte normal del embarazo, es importante prestar atención a cualquier cambio en la sensación al orinar. Si experimentas dolor, ardor, una sensación de presión constante en la pelvis, o molestias al ir al baño, esto podría ser un indicio de una posible infección del tracto urinario (ITU). Las ITUs afectan a un porcentaje de embarazos (entre el 2% y el 8%) y requieren tratamiento médico. Además, es importante saber que la bacteriuria asintomática, que es la presencia de bacterias en la orina sin síntomas evidentes, también requiere atención y tratamiento durante el embarazo, una particularidad de las guías de embarazo para proteger tanto a la persona embarazada como al bebé. Siempre es una buena práctica comunicar cualquier síntoma inusual a tu proveedor de atención. Tu proveedor es tu mejor recurso para cualquier inquietud específica sobre tu situación y para ayudarte a tomar decisiones informadas sobre tu salud.