Al llegar a la semana 36 de embarazo, es posible que notes la aparición o el aumento de las estrías, conocidas médicamente como estrías gravídicas. Este es un momento de crecimiento significativo para tu bebé, lo que a menudo se traduce en un estiramiento más rápido de tu piel. Es completamente normal que esto suceda; de hecho, la mayoría de las personas embarazadas experimentan estrías en algún momento, afectando entre el 50% y el 90% de los embarazos, según fuentes como el Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos (ACOG) y el NHS.
La aparición de estas marcas no es un reflejo de lo bien que estás cuidando tu piel, sino que tiene un componente genético muy fuerte. Si tu madre o hermanas las tuvieron durante el embarazo, hay una mayor probabilidad de que tú también las desarrolles. Generalmente, las estrías se presentan en áreas como el abdomen, los senos, los muslos y los glúteos, y suelen hacerse visibles durante el segundo y tercer trimestre, siendo esta etapa final del embarazo un período clave para su manifestación.
Es comprensible sentir curiosidad sobre cómo manejar o prevenir las estrías. Sin embargo, la investigación ha demostrado que no existe un producto tópico que haya probado ser confiable para su prevención. Una revisión sistemática de Cochrane de 2012 concluyó que ningún producto aplicado sobre la piel ha demostrado una prevención efectiva en ensayos controlados aleatorios de alta calidad. Esto puede ser un alivio al saber que no hay una "solución mágica" que te hayas perdido, y que su aparición es parte de un proceso fisiológico natural del embarazo.
Mi rol como doula es ofrecerte información basada en la evidencia para que puedas tomar decisiones informadas y sentirte más tranquila. Entender que las estrías son una parte común y natural del embarazo puede ayudarte a aceptarlas con mayor calma. Recuerda que tu cuerpo está haciendo un trabajo increíble al nutrir y hacer crecer a tu bebé. Después del parto, estas marcas tienden a cambiar; las estrías que aparecen rojas o moradas durante el embarazo suelen desvanecerse a un tono plateado o blanco en el transcurso de uno o dos años posparto. Es un recordatorio visual de la increíble transformación que tu cuerpo ha experimentado.