A las 38 semanas de embarazo, es común que la presión ejercida por el útero en crecimiento, sumada a cualquier esfuerzo por estreñimiento, intensifique la aparición o el malestar de las hemorroides. Este es un momento en el que tu cuerpo se prepara para el parto, y el aumento del volumen sanguíneo, junto con la presión sobre las venas rectales, puede hacer que esta condición sea más notoria. Es un síntoma que muchas personas experimentan en el tercer trimestre, y es importante saber que hay formas de encontrar alivio y sentirte más cómoda mientras te acercas a la fecha de parto.
La evidencia sugiere que hasta un 35% de los embarazos pueden verse afectados por hemorroides, con un pico de incidencia en este último trimestre y en el período inmediatamente posterior al parto. Esto se debe a una combinación de factores fisiológicos. Por un lado, el mayor volumen de sangre circulando en tu cuerpo es esencial para el desarrollo de tu bebé, pero también puede contribuir a la hinchazón de las venas, incluidas las del área rectal. Por otro lado, la presión constante del útero sobre estas venas dificulta el retorno de la sangre, lo que puede llevar a su dilatación y a la formación de hemorroides. Si a esto le sumamos el estreñimiento, que es una queja común en el embarazo, y el esfuerzo que a veces conlleva, el malestar puede agravarse significativamente.
Para manejar esta situación de manera proactiva, la American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG) destaca la importancia de la fibra y una hidratación adecuada como primera línea de prevención. Incorporar alimentos ricos en fibra en tu dieta, como frutas, verduras y cereales integrales, junto con beber suficiente agua a lo largo del día, puede ayudar a mantener las heces blandas y facilitar su paso, reduciendo así la necesidad de esfuerzo. Esto es especialmente relevante en la semana 38, cuando tu cuerpo ya está bajo una considerable presión.
Si ya estás experimentando síntomas, hay varias opciones que pueden ofrecer un alivio significativo. Los baños de asiento con agua tibia, realizados durante 15 a 20 minutos, dos o tres veces al día, son una estrategia muy recomendada para reducir la incomodidad. Además, el uso de compresas frías o almohadillas tópicas de hamamelis puede ayudar a calmar la zona y disminuir la hinchazón. Recuerda que estas son sugerencias para tu comodidad y bienestar. La buena noticia es que la mayoría de las hemorroides mejoran notablemente dentro de las dos a seis semanas posteriores al parto, a medida que la presión uterina disminuye y el cuerpo comienza a recuperarse. Tu proveedor de atención médica es tu mejor recurso para tu situación específica.