A las 33 semanas de embarazo, es posible que notes que la constipación, o digestión lenta, se vuelve más pronunciada, una experiencia común para muchas personas en esta etapa avanzada. Si bien la constipación puede aparecer en cualquier momento del embarazo, afectando aproximadamente al 40% de los embarazos, es particularmente frecuente en el primer trimestre y, de nuevo, en el tercer trimestre tardío, justo donde te encuentras ahora.
En esta etapa, varios factores se combinan para hacer que el tránsito intestinal sea más lento. Los niveles elevados de progesterona, una hormona vital para mantener el embarazo, relajan los músculos lisos de todo el cuerpo, incluidos los del tracto digestivo. Esto significa que los alimentos se mueven a través de los intestinos a un ritmo más pausado, permitiendo que se absorba más agua y, consecuentemente, endureciendo las heces. Además, es común que a medida que te acercas al final del embarazo, tu proveedor de atención médica te recomiende suplementos de hierro para apoyar el aumento del volumen sanguíneo y las necesidades del bebé. Si bien estos suplementos son cruciales, un efecto secundario frecuente es que pueden contribuir significativamente al estreñimiento.
Por si fuera poco, a las 33 semanas, tu útero ha crecido considerablemente y está ocupando una gran parte de tu cavidad abdominal. Esta expansión puede ejercer presión física sobre tus intestinos, dificultando aún más el paso de las heces. Es una combinación de factores hormonales y mecánicos que pueden hacer que la constipación sea una molestia persistente en este momento. Sin embargo, hay enfoques prácticos y basados en evidencia que podemos explorar para encontrar mayor comodidad y claridad.
La buena noticia es que existen estrategias respaldadas por la evidencia para manejar la constipación. Mantener una hidratación adecuada es fundamental; beber al menos ocho vasos de agua al día puede marcar una gran diferencia. De manera similar, asegurarte de que tu dieta incluya suficiente fibra, entre 25 y 30 gramos diarios, es una primera línea de acción recomendada. Esto puede provenir de frutas, verduras, legumbres y cereales integrales. Entender lo que está sucediendo en tu cuerpo y saber que tienes opciones para sentirte más cómoda es parte de tener un embarazo más tranquilo y con mayor agencia. Tu proveedor de atención médica es tu mejor recurso para tu situación específica, y siempre es útil mantener una comunicación abierta con ellos sobre cualquier síntoma que te preocupe.