A las 28 semanas de embarazo, es común que la constipación, o digestión lenta, se sienta más pronunciada, ya que la combinación de los cambios hormonales y el crecimiento uterino pueden crear un desafío adicional para tu sistema digestivo. La progesterona, una hormona vital en el embarazo, tiende a relajar los músculos lisos de todo el cuerpo, incluyendo los intestinos, lo que ralentiza el tránsito de los alimentos. Además, muchas personas comienzan a tomar suplementos de hierro en el tercer trimestre, los cuales son conocidos por su potencial para exacerbar el estreñimiento.
En esta etapa avanzada del embarazo, el útero en crecimiento ejerce una presión considerable sobre los intestinos, lo que puede dificultar aún más el movimiento regular. Es comprensible sentirse incómoda o frustrada cuando tu cuerpo no funciona como esperas. La buena noticia es que hay opciones respaldadas por la evidencia que pueden ofrecer alivio y ayudarte a mantener la claridad sobre tu bienestar digestivo.
Para manejar la constipación, una de las primeras líneas de acción, y la más respaldada por la evidencia, es asegurar una ingesta adecuada de fibra y agua. Muchas personas encuentran que aumentar la fibra dietética y beber al menos ocho vasos de agua al día puede marcar una diferencia significativa. Si estas medidas no son suficientes, tu proveedor de atención médica es tu mejor recurso para explorar otras opciones seguras. Puedes sentirte tranquila sabiendo que hay caminos para abordar este síntoma común, y tú tienes la autonomía para decidir qué funciona mejor para ti, en colaboración con tu equipo de atención.